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LA CRIATURA DE SUS ENTRAÑAS, VIENE DEL ESPÍRITU SANTO

18 La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo.
19 Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.
20 Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo.
21 Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.»
22 Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta:
23 Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros.»(Mt. 1,18-23)

He aquí que San Mateo nos lleva de la mano, con sagrado respeto, a “la alcoba” del Misterio de la Concepción de Jesús y a la actuación de los personajes que lo vivieron “en su carne”.

María es elegida por Dios como Madre de su Hijo, el Verbo de Dios hecho carne... Ella es pequeña, es humilde, es Inmaculada desde su concepción y sigue dejando a Dios el ser el Hacedor en su vida... ¿Qué sabe Ella de los planes del Altísimo?: nada y menos que nada, por ello “se deja hacer por Dios”. María se admira y contempla con Amor, acogido con sencillez, lo que va sucediendo en su cuerpo, que nunca fue rozado por criatura alguna, porque Dios siempre se la reservó para Sí... Como Dios es Dios, pudo hacerlo y lo hizo: es la Madre de su Hijo Querido, que, en sus entrañas, es Dios y Hombre verdadero...

No olvidemos que María desarrolló su vida en la fe, una fe heroica, pues después del Anuncio Angélico y tantas presencias de Dios con su persona, su fe tuvo que crecer a la medida de lo extraordinario, que oyó y acogió como suyo... De aquí que la vida de la Virgen no fue fácil y llena de seguridades y certeza... Como era muy sencilla su seguridad era el Señor y no sus razones o pensamientos sobre el Misterio... Pero este camino de fe estaba iluminado por el Espíritu Santo que, había tomado posesión de su cuerpo y de su alma, aún antes de nacer... Así, su espíritu estaba en la paz de Dios y no sabía otra cosa que darle gracias y alabarle…

Esto sucedía en Ella en total Presencia de Dios, pero como era mujer verdadera no estaba desencarnada de las circunstancias de su historia: “Estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, Ella esperaba un hijo”... José entraba en su historia, en su vida y por tanto en el Misterio que adoraba en sus entrañas... ¿Cómo explicar a José lo que era inexplicable para Ella, y que no podía manifestarle con palabras humanas?... Como vivía en presencia de Dios continua, prefirió acogerse en el silencio, que iba siéndole muy doloroso, porque José, ante la evidencia del estado de María, tampoco habló: El se acogió a la Ley de Dios para las adulteras y decidió huir, pues, por otra parte, amaba a María y no quería difamarla...

El Amor no toma la delantera a Dios y menos en lo inexplicable: deja que Él dé sus razones y el hombre se aparta, porque cuando guardamos silencio ante el Misterio, Dios siempre actúa... Y así hizo con José, que después de mostrar con su vida que era “un varón justo”, un varón santo, Dios lo iluminó con un ángel que le explicó los hechos y le pidió que usara de más Amor, acogiendo, no sólo a María, sino al Niño que se estaba gestando en sus entrañas, porque Él era fruto del Espíritu Santo: “Acógelo como hijo tuyo, porque primero lo es de Dios, por eso será “Dios con nosotros” y Dios primero, con María y José”…

José obedeció con Amor los designios que Dios había escogido para su vida... ¡La docilidad a la voluntad de Dios le es muy grata, porque nos creó para alabarle y bendecirle por su plan de salvación sobre nosotros!...

¡No pongamos, en absoluto, resistencias a la gracia, porque con ella nos está Dios salvando y atrayendo hacia Si!…
¡Amén!,¡Amén!,¡Amén!...

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Tercera etapa: Rincón para Orar

Tercera etapa: Rincón para Orar

De la mano de la gracia de Dios, que es poderosa para salvar, instruir, y dar sabiduría, comienzo esta nueva “tercera etapa de rincón para orar”, al empezar un nuevo año litúrgico, con el Adviento.

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