TÚ ACUDES A MI, DÉJALO AHORA

Jesús se dirige al Jordán donde Juan Bautista está bautizando.  Este encuentro entre los dos estaba preparado en el cielo desde toda la eternidad. Jesús, iba a comenzar su andadura como el Mesías, “el siervo de Yahvé”. Y se sometió, como todos los devotos judíos, a un bautismo de penitencia a manos de su primo Juan.

Ni Juan ni Jesús realizaron por su cuenta este rito, sino que ambos recibían órdenes de lo alto. “Para cumplir toda justicia”. En estas palabras de Jesús a Juan se adivina que la voluntad de Dios, hasta en los más pequeños detalles,está marcada por el Padre, en el Corazón de Jesús: “Yo he venido para hacer su voluntad” y, “a tus manos, encomiendo mi espíritu”.

Y también, determinó el Padre que aquí, en el Jordán,tuviera lugar la manifestación de la Trinidad: Jesús en medio del agua; la paloma, el Espíritu  Santodescendiendo como la santidad, a la misma santidad del Hijo; y el Padre: “Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco”.

¿Podríamos añadir una coma o tilde a este Misterio divino?. El bautismo de Jesús se nos da para que lo contemplemos y adoremos. Para que, también sumergiéndonos con Jesús, podamos desentrañar todo lo que allí sucedió en medio de una masa de gente que comprendía poco o nada lo que estaba sucediendo allí. Los Evangelios, añaden en la Transfiguración, a esta Palabra del Padre: “escuchadle”. Y este mandato es para nosotros para todos los que queremos beber del torrente de las delicias de la presencia de Jesús en nuestros corazones. Obedecer en todo a la Palabra de Jesús en los Evangelios,nos sumergirá en la voluntad de Dios-Padre que, quiere hijos obedientes como el Hijo: “Yo no vengo por mi cuenta sino enviado por el Padre”. 

¡Y pensar que, cuando todavía no teníamos uso de razón, nuestros padres quisieron sumergirnos en el bautismo, que nos hizo hijos de Dios! . En este misterio glorioso, fuimos introducidos junto con Jesús y en él, nos hizo coherederos de sí mismo, por la adopción filial. ¡Así, nos amó el Padre de esta manera!

Y, ¿qué no sucedió después a lo largo de los años y de los días que nos vimos poco a poco no puros, sino pecadores?.Es que, muchas veces hemos perdido la gracia por nuestras obras no buenas: las que el Padre nos determinó,para que fuéramos santos por el amor. Pero su piedad, no soportó al vernos caídos y alejados de su Corazón. Y para ésta, nuestra lamentable condición, Dios nos regaló una tabla de salvación y ésta, es el “Sacramento de los enfermos” y tocados por el mal: la Confesión. PorqueJesús, vino a salvar a los pecadores y en su infinito amor no dudó en morir por la ingente multitud que esperaba conansia su Salvación.

¡Señor, hazme hambriento de tu gracia que a ella me entregue con acción de gracias! ¡Qué así sea! ¡Amén! ¡Amén!

Imprimir

ImagenCookies

Hola! ¡Bienvenido a la página web del monasterio de san Blas! Nos encanta verte por aquí y esperamos que este sitio sea un lugar donde puedas encontrarte con Jesucristo Resucitado. Tan sólo queremos pedirte un favor: para mejorar la página y facilitar tu navegación por ella necesitamos que aceptes nuestras cookies. ¡Muchas gracias y oramos por ti!