Hoy, el reto del amor es pedirle que prenda en mí esa mecha de su fuego
Hola, buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
QUE QUEDES TRANSFORMADO
¡Comienza la Semana Santa! Ayer me surgía en el corazón que la Semana Santa es como un fuego encendido: el fuego del Espíritu Santo. Ese fuego que “no consume”, como la zarza ardiente de Moisés, sino que es lugar de encuentro con el Señor, en el que nuestra vida cobra un nuevo sentido.
Si imaginamos que tenemos una hoguera delante, o el simple fuego de una vela, ese fuego, como poco, te da calor y algo te ilumina. Pero, si te acercas más, todo se da con mayor intensidad. Y, si te pegas a él, tú mismo quedas prendido y te conviertes en “fuego”. Esto mismo quiere hacer el Señor por nosotros en Semana Santa.
En estos días vemos con nuestros propios ojos cómo se cumplen las Escrituras: “Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna” (Zac 9, 9), en la procesión de hoy; pero, a continuación, viene la experiencia de la traición: “mi amigo, el que compartía mi pan, es el primero en traicionarme” (Sal 41, 9). Y, sin embargo, Cristo se adentra en la voluntad del Padre porque sabe que “cuando el Hijo del hombre sea elevado, creeréis que Yo Soy” (Jn 8, 28) y porque “lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna” (Jn 3, 14). Y es que, en realidad, solo “sus heridas nos han curado” (Is 53, 5). Y es que, con Cristo, la muerte nunca tiene la última palabra, porque Él mismo dice: “Destruid este templo y en tres días Yo lo levantaré…” (Jn 2, 19).
Y pienso: cuántas personas escucharon esto, pasaron junto a Jesús y no supieron reconocer en Él al Mesías… ¡Que estos días no nos suceda a nosotros! Que nos acerquemos a Él con el deseo de quedar tocados por su Pasión, como les sucedió a Juan, a Pedro o al centurión romano. Y que clamemos a Él para que nos regale experimentar su Resurrección, como María Magdalena o los de Emaús. Y que nada acabe ahí, sino que esperemos con deseo ardiente la venida de su Espíritu Santo, junto con la Virgen María y nuestra comunidad, para que se realice en medio de nosotros un nuevo Pentecostés y de nosotros broten “ríos de agua viva”.
Hoy, el reto del amor es pedirle que prenda en mí esa mecha de su fuego. Hay mucho más del Señor para ti: Él quiere hacer lo que te parece imposible; Él se va a derramar. Pero la cuestión es: ¿tienes sed de más?
VIVE DE CRISTO
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¡Feliz día!
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