SI SOIS COMO NIÑOS, ENTRARÉIS EN EL CIELO
1 En aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: «¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?»
2 El llamó a un niño, le puso en medio de ellos
3 y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos.
4 Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos.
5 « Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe.
10 « Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos.
12 ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada?
13 Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las 99 no descarriadas.
14 De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños.
Jesús ama a los niños: “dejad que los niños se acerquen a mí y no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el Reino de Dios”. Con los niños Jesús se siente a gusto. Y es que los niños son dependientes en todo, todo se les ha de dar. El niño no es autosuficiente, por eso su humildad es innata y no se lamenta por no saber nada y no poder nada,sino que está siempre con los ojos y los oídos muy abiertos para aprender, para acoger, para tomar lo que se les da. Por todo esto son como los santos de Dios. Éstos se hicieron humildes por el poder de la gracia y la docilidad, y los niños no tuvieron que aprenderlo. Nacieron así, con la impronta de la inocencia y la pureza.
Por todo esto, el escandalizar a un pequeño es un pecado gravísimo a los ojos de Dios y en su Palabra: “más le valiera que le ataran una piedra de molino al cuello y lo arrojaran al mar”. Despertar la malicia en un niño es algo que Dios detesta y condena. Y es que “sus ángeles están en el Cielo, contemplando siempre el Rostro del Padre celestial”. Dios los protege y los cuida por medio de sus ángeles custodios.
Pero nosotros no somos niños ya, por ello, ser como ellos, lo tenemos que aprender con la ayuda de la gracia poderosa de Dios que siempre está dispuesta a concedernos lo que le pidamos, con confianza y conamor. Es cuestión de ir simplificándonos en todo lo que no sea el Amor de Jesús y su imitación. Porque, Jesús nos dijo: “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso”. Y,¿cómo ser humilde de corazón como un niño?. Pues Jesús, en suHumanidad, no retuvo nada que no fuera agradar al Padre, amar al Padre y también imitarle. Por eso, pudo decir Jesús: “el Padre y Yo somos Uno; Yo siempre hago lo que le agrada al Padre”.
Y por fin, Jesús, en el culmen de su entrega, nos dijo imitarle también en “acoger a un niño en su Nombre porque es lo mismo que acogerle a ÉI”. Muchos “niños” se acercaron a nosotros en nuestra vida, pobres de Dios que nos miran, y en sus ojos extienden sus manos para pedirnos aquello de lo que quizás estamos sobrados; el pan de nuestra misericordia; el don de la paz y del amor desinteresado; un poco de acogida y amistad; el consuelo de unas lágrimas enjugadas con nuestra cercanía y escucha... Y tantos otros dones con los que Dios nos ha agraciado en el Amado para que los repartamos a manos llenas, puescuanto más servimos, más rico somos en Amor de Dios.
¡Señor, haznos como Tú, limpios y sencillos de corazón! ¡Quita de nosotros tantas capas falsas que la vida nos ha ido poniendo para defendernos de nosotros mismos y de nuestros hermanos! ¡Sin defensas,sinceros y limpios para todo bien y bondad! ¡Qué así sea! ¡Amén! ¡Amén!