VENID A MÍ QUE YO OS ALIVIARÉ
25 En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños.
26 Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito.
27 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
28 « Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.
29 Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.
30 Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.» (Mt. 11, 25-30)
Sabemos que sólo los humildes y los mansos arrebatan el Cielo. Si el Cielo es Jesús, ÉI fue el más manso de todos los hombres que han habitado nuestra tierra. Isaías lo describe así en su “Cántico del Siervo” (Is.53): “Angustiado, afligido, no abrió su boca;como cordero llevaba al matadero y como oveja, enmudeció, y no habría su boca”. Aunque mostró su mansedumbre, ni fue apreciado ni reconocido por la mayoría y, lo hizo por amor. Pero su mansedumbre es la capacidad, diríamos divina, de no vengarse ante las injusticias sufridas.
En esto mostró un ejemplo inimitable de humildad y bondad que Él mismo propuso a sus seguidores, los que lo amaban más que a sí mismos, para que, al menos, nos acercáramos a la santidad de nuestro Señor, que siempre será nuestro Maestro a imitar: “Aprended de Mí quesoy manso y humilde de corazón”.
Y el fruto de esta humildad es descansar en su regazo. Allí todo es paz y suavidad, sin ninguna estridencia o rechazo. Si el premio es Jesús, en Él está todo lo que nuestro corazón desea.
Y por toda esta sabiduría que, no es del mundo, Jesús da gracias al Padre. Ésta permanece escondida a las mentes orgullosas de sí mismas, preciadas de su poder. ¡Qué bien ha hecho Dios las cosas porque, por la fuerza, subiendo un codo sobre sí mismo, nunca podremos escalar los bienes del Cielo!.
“Dios-Padre le dio el Nombre sobre todo nombre, porque se humilló a Sí mismo y no hizo alarde de su categoría de Dios”. ¿Y quién más que ÉI podía hacerlo, porque en verdad es Dios y soberano de todo? ¡Pero no!, consideró que el camino de la mansedumbre era el adecuado para derribar la soberbia del hombre que se dice: “¡Yo y sólo yo! “. Porque “el que se ensalza, será humillado y el que se humilla será enaltecido”.
¿Y qué consuelo recibirá el humilde?: pues el mismo regazo divino: “en Mí encontraréis vuestro descanso, vosotros que estáis cansados y agobiados”. Porque esta vida, con sus zozobras, cansa, y el que todavía no ha experimentado esto es que ha vivido poco, y lo poco quizás en la mentira y el engaño.
¡Seamos humildes y si nos cuesta seguir este camino, miremos a Jesús que por amor a nosotros se dejó hacer todo por los hombres, porque su seguridad y felicidad estaba en el Cielo de junto al regazo y el abrazo del Padre!
Y quizás, tengamos que mirar, de soslayo, a María, la Madre de Jesús,que siendo “la Madre de Dios” siempre permaneció humilde y mansa,porque sabía que el ser Madre de Dios no era por méritos propios, sino por puro don de la liberalidad de un Dios que no tiene a mal abajarse hacia lo que no cuenta y no vale a los ojos humanos. ¡Señor, haznos humildes como Tú y contigo! !Qué así sea! ¡Amén! ¡Amén!