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SED SAL Y LUZ EN EL MUNDO

14 « Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte.

15 Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa.

16 Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (Mt. 5, 13-16)

 

Acerquémonos a la sal, algo que es muy útil para muchas cosas. La sal condimenta los alimentos para hacerlos gratos al paladar. Pero, sobre todo, tiene la propiedad de conservar para que no se descompongan las viandas. Y así mismo, cura y sana las heridas. La gracia que poseemos por el bautismo, como la sal, puede curar, por mi amor al enfermo, todas las heridas que la vida le dejó. ¡Acercarnos a los hermanos con misericordia y piedad!. En fin, que es algo imprescindible en nuestra vida. Por todo esto y más, la escogió Jesús para ilustrar sus enseñanzas. Pero advierte también Jesús que la sal puede perder sus características y hacerse cosa de desecho, inservible para algo. Nosotros somos esa sal que adereza nuestra palabra que salen de nuestra boca. Porque “la Palabra está ahí, en mis labios y en el corazón. Y esta Palabra es la fe que predicamos”, (Dt.30-14) una fe viva que viene también de lo hondo del corazón.

Pero mucho más evocadora es la luz. “Somos luz en el Señor ”.  Él, por nuestro bautismo, llenó  de luz nuestras tinieblas y ahora podemos iluminar y dar a Dios a todo el que me pida cuentas de mi fe. Si nosotros estamos iluminados por la gracia, Dios quiere que no escondamos este tesoro, sino que con la claridad que nos viene de Dios, los que nos ven puedan decir: “¡Aquí está Dios! “. Y lo veo porque emiten su rostro y su palabra una luz que no se parece a esta luz del sol que tanto deseamos y admiramos.

Nuestras buenas obras nos siguen, aunque vayamos lejos. Y ellas, según Jesús, son las que dan gloria a Dios. Así, san Ireneo nos dice: “la gloria de Dios es el hombre plenamente vivo y la verdadera vida para el hombre es la visión de Dios”.

¡Señor, con estas cosas tan simples y humanas como son la sal y la luz, danos tu sabiduría para que sepamos extraer de ellas tus divinas enseñanzas! Jesús quiere que demos frutos de vida eterna y nuestras obras nos acompañen, vayan delante de nosotros, y que otros puedan reconocer que somos siervos del Dios vivo; ¡Que somos felices de tener al Señor como Señor, y a Jesús como nuestro Maestro, que nos regala siempre y en todo momento palabras de vida eterna! ¡Que tu gracia nos rodee y sea capaz de engendrar otros hijos que puedan, como nosotros, llamar a Dios Padre! ¡Qué así sea! ¡Amén! ¡Amén! 

 

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ESCUCHAR A LA PALABRA ES DAR EL CIENTO POR UNO

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1 Y otra vez se puso a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar.  

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